Joan Maria Raduà Hostench
NOTICIAS

Día Mundial de la Justicia Social

El 20 de febrero es el día dedicado por las Naciones Unidas a la Justicia Social.

El 26 de noviembre de 2007 la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció que cada 20 de febrero se celebre el Día Mundial de la Justicia Social.

En la Resolución adoptada aquel día por la Asamblea General se hacía eco del camino recorrido desde la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Social celebrado en Copenhague el año 1995 y también se mostraba la gran tarea -entonces, y todavía ahora- pendiente para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Posteriormente, el año 2015 las Naciones Unidas ampliaron y actualizaron estos Objetivos fijando unos renovados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en los que la Justicia Social juega un papel fundamental.

Tal como dijo la Asamblea General el año 2007 al instaurar esta celebración, el desarrollo social y la justicia social son indispensables para conseguir y mantener la paz y la seguridad entre las naciones. De igual manera la paz y la seguridad no se pueden alcanzar si no se respetan los derechos humanos. En aquel momento también las Naciones Unidas destacaron que todavía existen graves problemas como la pobreza, la exclusión, la desigualdad, las crisis financieras o la inseguridad. Este año los problemas se han agravado por la crisis sanitaria, social y económica provocada por la pandemia de la COVID.

Hoy, cuando todavía estamos en camino y queda mucho trabajo para poder dar cumplimiento a la Agenda 2030 sobre Desarrollo Sostenible, el calendario otra vez nos convoca para celebrar la diada dedicada a la Justicia Social.

En un mundo donde perduran las guerras; donde millones de personas se ven obligadas a huir de su casa; donde la miseria continúa; donde el medio ambiente se ve amenazado por los intereses económicos; donde la discriminación por motivos de sexo, raza, creencias o por otros motivos persisten; donde la pandemia agrava las diferencias;…con una humanidad sometida a todo este panorama parece que haya poco a celebrar y que la Justicia Social sea un sueño o una quimera. Ante estos dramas, no nos podemos permitir caer en el desánimo ni en la indiferencia. No nos podemos rendir. Debemos impulsar el sueño de la Justicia.

Igualmente este ideal de Justicia no se puede posponer. No nos podemos permitir aplazar o dejar para más adelante las acciones que nos lleven a reducir las injusticias. La crisis de la COVID-19 no nos puede hacer reducir nuestra mirada y limitar nuestras acciones para acotarlas a nuestro entorno más cercano. Esto no es un “sálvese quién pueda” o un “nosotros primero y después, si podemos, el resto”. De esta pandemia hay que salir juntos. Por ello la festividad de la Justicia Social nos sirve para recordar que la Justicia debe ser universal y que todos estamos llamados a construirla.


La solidaridad y la fraternidad nos deben esperanzar. La solidaridad como dice el Papa Francisco “es una palabra que expresa más que algunos actos de generosidad esporádicos. Es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. También es lucha contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales…” (Fratelli Tutti 116).

Hay que actuar localmente con una mirada global, como nos muestra el Papa Francisco, para hacer posible la verdadera Justicia que reclama la dignidad de cada persona.

Todos podemos actuar en nuestro entorno más cercano promoviendo la solidaridad y la fraternidad. La Justicia Social se construye con pequeñas acciones. También podemos incidir a nivel global. Hay muchas maneras de hacerlo, por ejemplo: escuchando y acompañando a las personas más desfavorecidas o necesitadas de nuestro entorno familiar o del barrio; reduciendo nuestro consumismo o comprando productos de proximidad o de comercio justo; adoptando medidas de ahorro energético; denunciando las injusticias; pidiendo a nuestros gobernantes que hagan lo posible para que los países más desfavorecidos puedan disponer cuanto antes la vacuna de la COVID o que se planteen seriamente la condonación de deuda a estos países, etc. Actuemos localmente con una mirada global.

Por ello, en momentos de incertidumbre y desesperanza como los actuales, cuando las adversidades pueden llevarnos a caer en el desánimo, en el individualismo o en un exceso de localismo, todavía tienen más sentido las jornadas que nos recuerdan que la justicia social la debemos construir entre todas y todos para hacerla realidad a todo el mundo.

 

Joan Maria Raduà Hostench
Miembro de comisión de Derechos Humanos de Justícia i Pau